Por: Louise Bourdon
ANO – Puno. Turistas provenientes de varias partes del mundo, mientras disfrutaban de las maravillas del Perú acampados en Puno, afirman haber presenciado durante su estadía, e incluso algunos aseguran haber entablado diálogo, con un misterioso hombre cuya raza bien podría pasar por inédita en los anales de la antropología universal del planeta Tierra.
Mariana Pezzetti, turista argentina, estudiante de Diseño, ofrece testimonio del hombre que en sus palabras tenía piel de ónice, lengua escarlata, cuencas de petróleo en el lugar que deberían estar los ojos, una especie de antena plateada que sobresalía de un pecho que lucía “exangüe”; como si la atmósfera del planeta fuera un trozo de éter indigerible.
Uno de los turistas que afirma haber entablado diálogo con el hombre fue Matías Oróstica, profesor de matemáticas de la Universidad de Valparaíso.
“Cuando le pregunté su nacionalidad se portó grosero y me dijo, en un español muy claro, que sólo quería recordar por qué había despertado antes de tiempo. Por su acento y sus maneras daba la impresión de ser de Bolivia o Ecuador. Lo que sé de seguro es que no era de Santiago ni de Valpo”.
Los locales de la ciudad cultural de Puno, sin embargo, contienen lo que a todas luces es un incontenible recelo por revelar la identidad de este hombre, al que, al parecer en murmullos de los mercados se refieren como “Warayana” lo que en lengua Aymara traduce: La estrella que viene de lejos.
Al atardecer, antes de caer la fría noche en Puno, se ha visto a un perro a orillas del lago Titicaca, llorando en perfecto español, al extrañar a quien seguramente fue su mejor amigo durante unos días, pues según Christian Sulca, comerciante de hoja de coca, la entrepierna del extraño hombre fue el mayor consuelo que ese perro ha tenido en su estadía como turista en la ciudad.
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